Andriw Sánchez Ruiz
> Es un libro abierto y con
franquesa cuenta los detalles de la contratación con los melenudos. Habla de su
firma al profesional en 1978 y el arribo como piloto a las mayores. Agradece
por los consejos de José Tartabul, Jim Leyland, Davey Johnson y Sparky Anderson
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Nunca dejará de sorprender la
tranquilidad que existe en el Estadio Universitario durante las mañanas. La paz
y armonía parecen ser los elementos naturales del espacio. Sillas vacías,
diamante sin su habitual maquillaje, grama recién podada y trabajadores laboran
como si un control remoto les hubiera impuesto el mute.
Las percepciones se hacen añicos
al recordar que la noche anterior el bullicio y la algarabía imperaban en cada
rincón. Cual coliseo romano, clamores bondadosos o soeces eran regalados a
peloteros y técnicos. No hay nada de qué avergonzarse, mientras no exista la
violencia. La esencia de un terreno profesional es brindar un espectáculo y
saciar las necesidades de fanatismo que afloran en muchos de los venezolanos.
Pero también se viven cosas interesantes
durante las mencionadas mañanas de sosiego. Ocurren tan atrayentes situaciones
que es posible encontrarse a Alfredo Pedrique, mánager de Leones del Caracas.
Foto Marcos Colina/Ciudad CCS





