Andriw Sánchez Ruiz
“Nadie es profeta en su
tierra”, pregonan las lenguas populares. Si por vueltas del destino alguien
decide contar la historia de Alexis Candelario, probablemente tenga el refrán
como primera opción para describir la vida del quisqueyano.
Es casi inconcebible
que el oriundo de Santo Domingo jamás haya lanzado como profesional en la Liga
Dominicana de Beisbol y hoy sea uno de los serpentineros más dominantes de la temporada
2015-2016 del circuito venezolano.
Tan solo ha permitido
tres carreras en 26 innings de labor con Tiburones de La Guaira. Los números
arrojan una efectividad de 1.03, que es la segunda mejor de la liga. Candelario
solo es superado por el loable guarismo de Patrick Johnson (0.47), militante de
Caribes de Anzoátegui.
“En Dominicana nunca me
dieron la oportunidad”, dice el monticulista sin muestras de rencores, mientras
está parado a las orillas del dugout escualo. “Pero gracias a Dios he adquirido
experiencia en Nicaragua, Italia, México, etc...”.
No oculta que Venezuela
es el circuito de mayor nivel en el que ha jugado. Es aquí donde siente que por
fin está cumpliendo el sueño de triunfar en el mundo de los diamantes y
almohadillas. “Fíjate que en este beisbol, a los 33 años que tengo, es lo más
cerca que he estado de Grandes Ligas”, sonríe, pues le emociona la idea de
enfrentar a los bateadores ligamayoristas que se desempeñan en la pelota local.
No siempre el beisbol
organizado estuvo alejado de Candelario. Firmó con Padres de San Diego y jugó
en diversas sucursales menores desde 2002 a 2005. Sin embargo, no cumplió con
lo que buscaban los patriarcas.
“Desde 2006 estoy dando
tumbos por ligas del mundo”, relata el derecho. “Once años en busca de una
buena oportunidad y por fin ha llegado”.
El ojo clínico del
utility César Suárez es el motivo de que Candelario haya firmado con La Guaira.
Ambos se conocieron en la pelota italiana. El tirador pertenecía al Rimini.
“Siempre he dicho que no importa la liga en que estés. Si tú eres profesional y
serio en tu trabajo, siempre va a existir alguien que te ve talento para que
ayudes a un equipo en un nivel más avanzado”, reflexiona.
Más
corazón que brazo
La humildad se apodera
de Candelario. Es algo común en aquellos peloteros que nunca han recibido las
ansiadas oportunidades para triunfar y fueron relegados en todos los lugares
que se presentaron.
Cuando es interpelado
sobre su secreto para sacar outs a los difíciles bateadores de la liga
venezolana, no le da crédito a sus lanzamientos. Tampoco menciona los mañosos
movimientos, ni siquiera al control que ha mostrado sobre sus envíos. “Es el
corazón que yo tengo para jugar beisbol”, explica sin dudar. “Yo sé que tal vez
no tengo las millas, ni tampoco un gran currículum, pero tengo un corazón que
no me cabe en el pecho”.
No existe necesidad de
recordarle que no tiene grandes antecedentes. Él lo sabe. Pero tiene un método
para equipararse con reputados compañeros y rivales. “Estoy consciente de todo
eso, entonces tengo que dar el doble de lo que muestran los demás peloteros y
así enseñar que yo puedo sacar out en este nivel”, comenta el residente de la
ciudad de Tampa (Florida), en donde dejó a su esposa e hijos. “Debido a esos
viajes los he sacrificado mucho, pero los veo siempre que tengo unas
vacaciones”.
Venezuela representa un
medio para retomar el sueño de ser grandeliga, ese que se apodera del alma de
todo beisbolista. “Yo solo dejaré de jugar cuando se me quite el deseo de
volver a firmar y llegar por fin a Grandes Ligas”, manifiesta sin dejar en el
olvido al “pelotero preferido de todos los tiempos: Pedro Martínez”.
“Me gustaría volver a
saludar a Martínez. Yo lo admiro mucho y la última vez que hablé con él fue
hace diez años. De verdad me gustaría de nuevo estrechar su mano”, culmina.
Candelario agradece que
se le haya tomado en cuenta para hablar y se retira al clubhouse. Tal vez al
ver sus números, y si continúa dando muestras de su impensado dominio, se dará
cuenta que los periodistas lo abordarán con frecuencia. Sus agradecimientos se
incrementarán sin duda.
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